jueves, 21 de febrero de 2008

A propósito de "La señorita Julia", de Strindberg, en el Teatro Gayarre este viernes y sábado

Johan August Strindberg (1849-1912), dramaturgo y novelista nacido en Estocolmo, es el padre de la literatura sueca moderna. Su agitada vida está llena de complejas experiencias y elecciones contradictorias y radicales. Su producción literaria, íntimamente ligada a su biografía, recorre prácticamente todos los géneros y está recogida en 50 volúmenes a los que hay que sumar otros 22 de carácter epistolar. Sus intereses no se limitaron al campo de la literatura, ya que también se dedicó
al periodismo, la escultura, pintura, fotografía, química, alquimia y
ocultismo.

Sus dramas son, sin duda, lo mejor de su producción literaria. Escritos de forma directa e incluso cruel, reflejan toda una serie de conflictos individuales, familiares y de clase que constituyen un duro golpe a la sociedad y que difícilmente dejan indiferente al espectador. Si bien La señorita Julia es la obra más destacada, también cabe señalar La danza de la muerte, La sonata de los espectros, El pelícano o La más fuerte.

Muchas de estas obras están inspiradas en la propia vida del autor. Strindberg era hijo de un comerciante de origen aristocrático y de una mujer de clase humilde que antes de casarse fue criada y amante del padre. El autor sueco estuvo casado con tres mujeres y tuvo hijos con todas ellas. Su primera esposa, Siri von Essen, era una finlandesa de la alta sociedad con vocación teatral y que cuando conoció a Strindberg ya estaba casada. Hasta su divorcio, mantuvo una relación adúltera con él. El matrimonio fue bastante tormentoso, entre otras razones por las inclinaciones
lésbicas de la aristócrata. Tres años después de la escritura de La señorita Julia en 1888, Strindberg se divorcia y contrae matrimonio con una periodista austríaca, Frida Uhl, con quien deja de verse al año siguiente. Tras una larga crisis de inestabilidad psíquica, caracterizada por los excesos alcohólicos, las dudas religiosas y el ocultismo, Strindberg retoma su escritura y en 1899 contrae matrimonio con una joven actriz noruega de 22 años, Harriet Bosse, una relación más cercana a la de un padre con su hija que a la de marido y mujer. Sin duda, las tres experiencias matrimoniales fueron desastrosas, hecho que queda claramente reflejado
en sus obras.

Políticamente las ideas del autor oscilaron entre un aristocratismo conservador y el característico izquierdismo de la socialdemocracia sueca. Sus ideas religiosas también se significaron por esta ambivalencia. Posturas cristianas y ateístas se alternan a lo largo de su vida. Fue sin duda un hombre de contrastes y crisis personales, y en el que el amor y el odio se alternaron de forma asombrosa. A nadie dejó indiferente. No en vano a su entierro, organizado por el padre del movimiento obrero sueco, asistieron más de sesenta mil personas.

La señorita Julia es quizá el mejor de los textos de Strindberg y la obra
más representativa del teatro sueco. El drama se centra en tres personajes: la señorita Julia, hija de un conde; Juan, su criado; y Cristina, cocinera y supuesta novia de Juan. La acción tiene lugar en la cocina de la mansión y durante la noche de San Juan, fiesta pagana del solsticio de verano. En ausencia del padre, y mientras el pueblo está entregado a la diversión, la señorita Julia, excitada, invita a bailar a su criado. Sacando provecho de su privilegiada condición social, la señorita juega con él, provocándole e insinuándose. El juego termina volviéndose en contra de ella y acaba siendo seducida. Convertida en su amante, Juan ve la oportunidad de cumplir el sueño de llegar a ser el propietario de un pequeño hotel de lujo en Italia. Para ello no duda en empujarla para que robe dinero al padre y se escape con él. Descubiertos por Cristina, la cocinera, ésta les amenaza con no dejarles salir, y Julia, nerviosa, le propone marcharse con ellos, asegurándole
una vida relajada y una situación que muchos críticos han calificado como
un “tácito y grotesco ménage à trois”.
El regreso del conde acobarda al sirviente, que adopta de nuevo su habitual actitud sumisa frente a las clases superiores. Asustado por las posibles consecuencias de su comportamiento, no ve otra salida que la de inducir al suicidio a una mujer, que ha perdido la voluntad y capacidad de reacción. Tras la orden del sirviente, Julia toma en sus manos una navaja y sale de escena quizá para no volver nunca más.

La señorita Julia, mujer descendiente de la nobleza, ha caído y su sentido del honor no debe permitirle vivir. El criado, se ha elevado seduciendo a una mujer de la aristocracia, una mujer muy por encima de una simple cocinera. El único impulso de Juan es el de ascender socialmente, los medios para conseguirlo no importan. Se establece de este modo una constante lucha entre lo nuevo y lo viejo, el fuerte y el débil, una clase baja emergente y con instinto de supervivencia, y una clase alta abocada a la decadencia. Pero no solo, también hay un enfrentamiento de la religión frente al ateísmo, la monarquía frente a la república, la emancipación de la mujer frente a su dependencia, una lucha, en definitiva, de clases, de sexos y de ideas.

Y todo ello con una inspiración en hechos reales: los caprichos de la primera mujer de Strindberg, la aristócrata finlandesa; el suicidio de la escritora sueca Victoria Benedictsson, realizado con una navaja de afeitar, y la por entonces impactante noticia aparecida en la prensa sueca de la seducción de un criado por una aristócrata que terminó de camarera en un restaurante.

Con todos estos ingredientes no es de extrañar que la obra haya sido puesta en escena en innumerables ocasiones y países; y tampoco es de extrañar que se hayan realizado numerosas películas, óperas e incluso ballets. Directores como Bergman y Fassbinder la han llevado al teatro; actrices como las suecas Bibi Andersson y Anita Björk, la francesa Isabelle Adjani o la inglesa Saffron Burrows la han interpretado. Incluso directores como Woody Allen han mostrado una debilidad por este autor sueco. No en vano en su película Match Point, le hace un homenaje haciendo que su protagonista, un joven ambicioso y sin escrúpulos como Juan aparezca leyendo sus obras. Y es que si en algo se caracteriza la modernidad de la obra de Strindbg
es por esa constante y cruel lucha por la supervivencia: "El darwinismo ha existido en todos los tiempos, desde que Moisés presentó la historia de la creación, pasando sucesivamente de los animales inferiores hasta llegar al hombre".

7 comentarios:

CaO dijo...

Estuve el viernes en el teatro. Lo hicieron genial. Lo digo, claro, porque sabía de qué iba la obra y no me sorprendió lo más mínimo el contenido. Y lo repito, la forma me encantó.
No tuvo nada que ver con la deafortunada adaptación del Arlequino de Goldoni...

Saludos

Victor Iriarte dijo...

No pude asistir a ese Strindberg, por un viaje de trabajo a última hora, pero me alegro de que fuera un buen montaje. A ver si comentamos algún día despacio ese "Argelino", que a mí me encantó, salvando ciertas cosillas menores.
Nos vemos.

CaO dijo...

Hecho: tenemos pendiente un análisis detallado del Argelino.

Saludos

Thabitha dijo...

Humm... ¿Vosotros discutiendo de "Argelino"? ¿Lo retransmitirán en todas las televisiones como el debate Rajoy-Zapatero? Será interesante ;)
Saludos

Victor Iriarte dijo...

No, no discutiremos. Iría a aprender. Porque más bien me interesa saber qué aspectos pueden resultar ofensivos en esa obra, ya que resulta siempre difícil meterse en la piel de las personas que se pueden sentir violentadas, o aludidas, o agredidas con comentarios o escenas.
O sea, que de televisivo nada. Pero que nada. (¿O es que esperabas ser la nueva Olga Viza del teatro?).

Victor Iriarte dijo...

No, no discutiremos. Iría a aprender. Porque más bien me interesa saber qué aspectos pueden resultar ofensivos en esa obra, ya que resulta siempre difícil meterse en la piel de las personas que se pueden sentir violentadas, o aludidas, o agredidas con comentarios o escenas.
O sea, que de televisivo nada. Pero que nada. (¿O es que esperabas ser la nueva Olga Viza del teatro?).

el monstruo de guatemala dijo...

Pues a mí no me gustó nada el montaje de "La señorita Julia". Ni el texto en sí, que me parece bastante caduco si exceptuamos algunos aspectos formales, ni sobre todo esta versión de Narros. Lo de los actores, especialmente María Adánez es ya de traca. El Argelino me gustó bastante más, aunque me pareció larga en exceso.