miércoles, 15 de abril de 2009

Hamlet, de Tomaz Pandur, en Madrid: una pasada


Domingo 12 de abril. Una buena amiga me consigue una entrada a pesar de estar agotadísimo el taquillaje desde hacía semanas, así que sin pensarlo me bajo a la capital (eterno agradecimiento). Matadero de Madrid. Blanca Portillo encarna al personaje de Hamlet y demuestra por qué es la primera actriz de este país. El montaje de Tomaz Pandur impresiona. Público en graderío y actores moviendose por pasarelas de madera en un escenario completamente inundado. El Elsinor más real: húmedo, frío, ingrato...

Una constatación. Algo está cambiando en este país y los actores jóvenes empiezan a darse cuenta que salir en la tele da fama, pero no prestigio ni autoridad. Varios "guapitos" se someten a la tortura de las cuatro horas de montaje y superan el reto. Hugo Silva, Quim Gutiérrez, Félix Gómez, Aitor Luna, Eudardo Mayo, Manuel Moya... no me digais, pero deben ser muy conocidos de los hombres de Paco y gaitas de esas que emiten en la tele.

El montaje imprescindible. La última función, el 12 de abril. ¿Por qué lo comento entonces? Para dar envidia. Está claro.

4 comentarios:

Luis Tarrafeta dijo...

Pues la das, la das, maldito... ;)

Tenemos un cacharro pendiente, eh?

Thabitha dijo...

¿Al teatro en Semana Santa? Ateo!! Otras nos hemos ido de procesiones... aunque obligada, ya que los sitios por los que me muevo paralizan la agenda teatral en pro de otros teatrillos... Paciencia, qué se le va a hacer. Otro día daremos envidia nosotros.
Saludos!

Victor Iriarte dijo...

Luis. En efesto, tenemos un cacharro gigantesco pendiente.
Gracias por lo de ateo, Tha (podías haber completado el elogio con masón y rojo, pero vamos, veo que escatimas adjetivos). Hay que saber a dónde ir, no vaya a ser que te entren luego ganas de no volver.

PEZ dijo...

Estimado señor Iriarte:
Hacía mucho que no me daba una vuelta virtual por su bitácora y permítame decirle que me ha sorprendido este post sobre el archicomentado Hamlet de Pandur en el Matadero. El montaje visualmente es impecable. Pero resulta un poco sospechoso que sea ese el detalle que más se comentaba a la salida. Nadie duda de que es una obra maestra, con tantos niveles de análisis posibles que a cada lectura se aclaran detalles que habían pasado desapercibidos. Hamlet bien leído, en un espacio vacío, con la tramoya al descubierto, te hace reir, te hiela la sangre y, si está bien leída, te cambia la vida. Sales del teatro siendo un poco diferente de quien eras al entrar. El problema es que para hacer entender una obra (tan profunda como Hamlet), hay que haberla entendido. Y esto no es fácil. Así que muchas veces se recurre (recurrimos), parafraseando a Goethe, a poner imágenes potentes allí donde faltan las ideas. No digo que Pandur no haya entendido Hamlet, sino que algo falla cuando todo el mundo se fija más en el reflejo de la Portillo en el agua que en el reflejo del propio espectador en la obra. Hice la prueba: todo el mundo se acordaba del espacio escénico, del peculiar intermedio. Muy poca gente supo contarme qué cuenta Hamlet (el Hamlet de Pandur, al menos). Si la gente sale del teatro hablando de la escenografía (o del cine hablando de la fotografía), generalmente, malo. ¿No crees?
Un abrazo,
Aitor (Madrid).